La iniciativa ‘A Mil Contra La Nutrición’ de Banasan, promueve la participación de agricultoras rurales en la producción de alimentos frescos como parte de una estrategia comunitaria para mejorar la nutrición infantil en el Magdalena.
En el corregimiento de Tucurinca, un grupo de 37 mujeres adelanta un proceso de transformación social a través de la implementación de 20 huertas caseras, desarrolladas de manera individual y grupal, con el objetivo de fortalecer la seguridad alimentaria y mejorar la calidad de la alimentación en sus hogares.
Esta experiencia comunitaria se ejecuta con el acompañamiento de Banasan, que impulsa la producción de alimentos frescos como una alternativa sostenible para enfrentar los desafíos nutricionales que afectan especialmente a niños y niñas en zonas rurales.

Siembra con enfoque comunitario
Las huertas actualmente cuentan con diversos cultivos en etapa de siembra y crecimiento, entre los que se destacan pimentón, berenjena, tomate, cilantro, cebolla larga, rábano y lechuga crespa. Estos productos permiten diversificar la dieta familiar y garantizar el acceso a verduras de manera constante y cercana.
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Para el desarrollo del proyecto, las participantes recibieron kits de siembra, herramienta fundamental que ha facilitado la preparación del suelo, la siembra y el mantenimiento de los cultivos, al tiempo que fortalece el trabajo colaborativo y el aprendizaje práctico.

Planta de rábano cultivada en una de las huertas caseras. Foto Banasan
Mujeres como eje del cambio
El liderazgo femenino ha sido clave en la ejecución de esta iniciativa, no solo en la producción de alimentos, sino también en la promoción de hábitos alimenticios más saludables dentro de sus comunidades. Las huertas se han convertido en espacios de encuentro, intercambio de saberes y construcción colectiva.
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Una apuesta contra la desnutrición
El proyecto hace parte del programa ‘A Mil Contra la Desnutrición’, una estrategia que busca mejorar la nutrición infantil mediante el consumo de verduras cultivadas en casa, contribuyendo a una alimentación más equilibrada y a la prevención de problemas asociados a la malnutrición.
Con este tipo de acciones, Banasan reafirma su compromiso con el bienestar de las comunidades, el empoderamiento de las mujeres rurales y el desarrollo de soluciones sostenibles que impactan positivamente la calidad de vida de las familias de Tucurinca.
Cultivos caseros impulsan la buena
alimentación y el trabajo familiar
De acuerdo con la psicóloga Mónica Orostegui, líder del proyecto, la implementación de cultivos familiares ha permitido fortalecer la seguridad alimentaria, al garantizar el acceso permanente a alimentos frescos y nutritivos producidos en el entorno del hogar. “Este proceso no solo mejora la disponibilidad de alimentos saludables, sino que también empodera a las familias y promueve el trabajo conjunto”, señaló la profesional. La iniciativa cuenta con acompañamiento técnico especializado, a través de un ingeniero agrónomo que orienta a las beneficiarias en prácticas adecuadas de siembra y en recomendaciones caseras para la prevención y manejo de plagas. Además, el proyecto impulsa hábitos alimentarios saludables y fomenta la participación activa de esposos e hijos en cada etapa del proceso productivo. Foto Banasan