Alberto Camilo Blanco Jiménez
Esa calificación usualmente se la hacen a los entrenadores del fútbol, cuando dejan sus cargos por bajo rendimiento. Este juicio tiene validez numérica para el entrenador Carlos Silva, en virtud a que los resultados no respaldaron, veamos: 15 partidos jugados, 2 ganados, 3 empatados, 10 perdidos, 7 goles a favor, 21 en contra, para un total de 9 puntos. Pésima campaña a la luz de las cifras, que son al final, las que lo sacan. Ante estas cuentas, la continuidad, al frente del Unión, se hizo insostenible y salió como malo por un lado, acudiendo a las calificaciones, que es una expresión cuantitativa y lógicamente se refleja en números.
Se rajó como se le dice en las aulas al estudiante que no alcanzó un desempeño básico. Ahora, por otro lado, pasemos a los medios y aquí justamente entramos en los aspectos evaluativos, que también deben ser abordados con el propósito de hacer un balance cualitativo, que integrado a lo cuantitativo descrito anteriormente, nos permita hacer una mirada integral a su trabajo. Es decir, para no quedarnos únicamente en los fines, sino también en los medios. Aquí comienzo por el hecho más notable del Unión en estos dos últimos años como lo fue el ascenso a la categoría “A”. No fue justo, desde el punto de vista moral, pero como atenuante válido, no lo buscó con cartas marcadas por debajo de la mesa, sino con cartas puestas sobre la cancha y allí encontró una oportunidad que aprovecho por el imperativo Kantiano del deber.
El entrenador, los jugadores y los Directivos, consiguieron en dos años, lo que no se había podido conquistar en casi quince, hasta que Harold Rivera, lo subió en el 2018. El entrenador Carlos Silva, a pesar de tener una nómina discreta, alcanzó el mayor logro de su recorrido y se puso al día con unas obligaciones donde aparecía en algunas como deudor y en otras como codeudor. Silva, paga lo que debe, Silva el bueno, Silva el ganador del título de la “B”. Entonces, No salió por malo de acuerdo a lo cualitativo.
Pero los triunfos en todas las actividades humanas, deben renovarse y validarse. Esta magna conquista no pudo ser actualizada en la transición de la “B” a la “A”. Las debilidades en la anterior categoría, había que fortalecerlas para afrontar un campeonato de superior nivel. Infortunadamente, los que trajo para el cuatro de fondo y la primera línea de la media cancha, sus desempeños fueron pobres y para colmo de males, los de segunda línea medular y el frente de ataque, decayeron notablemente en sus desempeños individuales.
El equipo ineficiente en fase defensiva e ineficaz en lo ofensivo, se vino a “pique”. Obviamente, aquí Silva, tiene su alta cuota de responsabilidad, porque al final él, le dio el aval a los que llegaron como Mena, Gómez, García, Lopera y Sánchez y éstos no respondieron a las expectativas. A despecho de esas falencias, el equipo en los primeros partidos, tuvo oficio, especialmente en fase defensiva, pero después se vino a menos en ambas fases y en esa caída, no acertó en reorientar el rumbo en las alternativas tácticas y estratégicas en la pronunciada caída. Algunos no perdieron la titular por rendimiento, ejemplo Mena y otros si, como Contreras e Hinojosa. Tampoco hubo mayores oportunidades a los de casa. Silva, no salió por malo, ni bueno. Abandono el barco, porque su carta de navegación, no le permitió salir de la tormenta y antes que se hundiera lo que él, sabiamente puso a flote, decidió dar un paso al costado.