La historia de Santa Marta y su formación como ciudad se remonta al año 1501 cuando arriban a estas tierras, Rodrigo de Bastidas y el cartógrafo Juan de la Cosa, quienes admirados por la profundidad natural del puerto descienden a tierra y tienen contacto con nuestros hermanos aborígenes, quienes sin ningún asomo de egoísmo les informan de la existencia de muchos ríos y riquezas a lo largo y ancho del territorio que acaban de descubrir.
El 29 de julio de 1525, fecha que por la tradición oral se conoce como la fecha de la fundación de la ciudad de Santa Marta, Rodrigo de Bastidas realiza la ceremonia de fundación de la ciudad, teniendo como testigos a todos los miembros de su tripulación y varios aborígenes residentes en el perímetro donde se fundó Santa Marta, de inmediato nombra como su primer Alcalde al sevillano Pedro de Porras, con lo cual se le da la categoría de municipio, ya que Rodrigo de Bastidas actuaba como Gobernador de la Provincia de Santa Marta, resaltando que desde antes de su fundación y después, Santa Marta fue capital de la Provincia de Santa Marta y de la Gobernación de Santa Marta, además por tres años fue Capital del Nuevo Reino de Granada.
El 20 de marzo de 1879, el Estado Soberano del Magdalena creo el Distrito de Santa Marta, por medio de la Ley 339, agregándole a su territorio a los poblados de Gaira, Mamatoco, Taganga y Bonda, y el 29 de diciembre de 1989, mediante el Acto Legislativo 03 de 1989 emanado del Congreso de Colombia, la ciudad es erigida en Distrito Turístico, Cultural e Histórico, hecho con el cual la ciudad ha derivado algunos beneficios económicos y tributarios, un régimen fiscal especial, social, cultural y adiciones presupuestales sobre los cuales no hay mucho que mostrar, en razón a que administrativamente hemos sido inferiores a la realidad.
La historia ha sido excesivamente generosa con la ciudad y las bondades con que la geografía ha premiado a la ciudad ameritan que sus habitantes despleguemos todo nuestro potencial humano cuyo propósito debe ser que nos empecinemos de manera obstinada por hacer de nuestra tierra un emporio social y humano en donde confluyan todas las ilusiones que permitan sentirnos cada vez más orgullosos de haber nacido en ella y entregarle lo mejor de cada uno de nosotros y de esa manera sacar adelante el proyecto de ciudad que todos anhelamos y a partir de allí edificar y consolidar nuestros sueños.
A través de la historia y con el devenir de la misma, las nuevas generaciones son conscientes que ya es hora de que Santa Marta deje de ser una ciudad grande y se convierta en una gran ciudad, en donde el desarrollo y progreso se enraícen en las entrañas de sus habitantes y de esa manera nuestro terruño descuelle en el ámbito nacional e internacional, dejando de ser una aldea pueblerina y competir desde cualquier nivel, de tal manera que podamos sentir con orgullo de que estos 500 años han dejado imborrable huella para enfrentar los próximos, y ello se logrará con el compromiso de todos.
La gesta progresista no da espera, debemos aunar las fuerzas y reverdecer día tras día nuestras ilusiones para hacer de la ciudad dos veces santa un paraíso idílico en donde los sueños se hagan realidad, así que, Felices 500 años y vamos por más, la modernidad, el desarrollo y el progreso nos esperan.