“Santa Marta debe renovar su espíritu misionero”: Obispo de Santa Marta

José Mario Bacci Trespalacios, obispo de la Diócesis de Santa Marta. Derechos Reservados/ELINFORMADOR

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En entrevista con EL INFORMADOR, José Mario Bacci Trespalacios, obispo de la Diócesis de Santa Marta reflexionó sobre los retos espirituales y sociales de la ciudad en su Quinto Centenario. Habló del valor del nombre de Santa Marta, de la hospitalidad samaria, de la necesidad de una conversión pastoral y del ambicioso plan diocesano que busca impactar el futuro inmediato de la región.

Equipo de redacción EL INFORMADOR.

El obispo de Santa Marta monseñor José Mario Bacci Trespalacios, analizó con mirada autocrítica y profética el papel de la Iglesia, de los ciudadanos y de los líderes ante una ciudad marcada por la tradición, pero urgida de transformación. Su llamado no es solo religioso, es cultural, social y profundamente humano: “una ciudad más solidaria, una Iglesia más misionera y una comunidad con mayor sentido de pertenencia”, indicó monseñor. 

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EL INFORMADOR. ¿Qué sentido tiene para usted, como obispo, que Santa Marta lleve el nombre de una santa tan significativa en la Biblia?

Monseñor José Mario Bacci. No es un nombre común ni casual. Marta de Betania aparece mencionada en los evangelios de Lucas y Juan, como hermana de María y Lázaro, amigos muy cercanos de Jesús. La casa de ellos en Betania fue un lugar de afecto y acogida para el Señor. Santa Marta representa el servicio, la hospitalidad, la prontitud para el otro. Eso tiene un profundo eco espiritual y cultural en nuestra ciudad. Betania significa “casa de acogida” y eso debería inspirar lo que somos.

José Mario Bacci Trespalacios, obispo de la Diócesis de Santa Marta junto a
Oscar Rendón, formador y director espiritual Seminario Mayor San José.
Derechos Reservados/ELINFORMADOR


EI. ¿En dónde está esa Santa Marta que hospeda, que acoge? ¿Dónde están esos samarios solidarios que representan la esencia de Marta de Betania?

JB. Yo creo que la hospitalidad está en el ADN cultural del samario. Es uno de sus mayores valores: esa sensibilidad natural ante el otro. Pero también es cierto que se ha debilitado. Hoy vemos una ciudad donde crece el individualismo, en la que hay falta de sentido cívico y amor por la tierra. Se nota en lo cotidiano: la forma de conducir, la manera de ignorar las normas básicas de convivencia. Es preocupante, porque ese deterioro moral y social nos afecta a todos.

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EI. ¿Qué cree usted que falta para que la ciudad recupere su rumbo?

JB. No se trata solo de aumentar el pie de fuerza policial. Hace falta una transformación más profunda, un pacto social por amor a Santa Marta. Hay autoridades indolentes, sí, pero también ciudadanos indiferentes. Cada quien va por su lado, sin importar el bien común. Es hora de recuperar el sentido comunitario, el civismo, la educación para la convivencia. La ciudad parece a veces a la deriva y eso debe movernos a todos a actuar.

EI. Usted ha liderado un proceso de escucha con los sacerdotes y servidores. ¿Qué les pide hoy a sus pastores?

JB. Les pido que no sean sacerdotes solo del altar, sino también del barrio. Que escuchen, que abracen, que caminen con el pueblo. La fe no puede encerrarse en los templos ni reducirse a una espiritualidad vacía. El Evangelio debe impactar la vida real de la gente. Por eso estamos llamados a una transformación pastoral: una iglesia más misionera, más en salida, más comprometida con la realidad.

EI. ¿Qué errores reconoce la Iglesia en ese camino?

JB. Lo primero es reconocer todo el bien que se ha hecho en 500 Años. Hay una historia de santidad, de servicio, de educación, salud, organización social. Pero también ha habido cansancio, rutina, encerramiento. El Papa Francisco nos llamó a pasar de una pastoral de mantenimiento a una pastoral decididamente misionera. La Iglesia no está solo para conservar lo que hay, sino para evangelizar, para ser fermento de una nueva sociedad. Y eso exige revisarnos con humildad.

EI. ¿Cómo fue su experiencia en el Jubileo del mundo campesino?

JB. Fue conmovedor y lleno de alegría por todos los Jubileos que hicimos, pero también doloroso. Solo llegaron campesinos de algunas zonas. Y en los ejercicios de cartografía social, muchos dijeron: “no hay iglesia aquí”. Eso me dolió como pastor. La Iglesia no puede descansar mientras no llegue a todos los rincones. Es verdad, no siempre está el templo físico, pero donde hay un bautizado, está toda la Iglesia. Sin embargo, debemos redoblar esfuerzos para llegar a todas las veredas, para ser presencia viva y cercana.

EI. ¿Qué significa para usted el plan pastoral que se está construyendo en Santa Marta?

JB. Es nuestra respuesta concreta a la invitación que nos dejó el Papa Francisco de vivir una transformación misionera. Lo hemos construido en tres pasos: escucha, discernimiento y decisión. La gente ha participado, ha hablado, se ha involucrado. Ahora estamos en el análisis de la realidad, que no es fácil. Conocer la realidad requiere tiempo y profundidad. Mi deseo era presentarlo completo el 29 de julio de 2025, pero si se necesita más tiempo, bienvenido sea. Lo importante es que sea un plan eficaz, no apresurado.

Monseñor José Mario Bacci, saludando al difunto Papa Francisco.
Foto: Cortesía Diócesis de Santa Marta


EI. ¿Qué espera de la Iglesia y de la ciudad después del Quinto Centenario?

JB. Más allá de los festejos, debemos preguntarnos: ¿qué ciudad tendremos en el año 501? ¿Qué Iglesia seremos? Porque este aniversario debe ser un impulso para construir un mejor proyecto de ciudad, una Iglesia renovada, misionera, al servicio de todos. Esa es la verdadera celebración: no solo mirar el pasado, sino sembrar esperanza en el futuro. 

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