Diego de Baños y Sotomayor, el obispo peruano que reconstruyó la tercera Catedral de Santa Marta

Imagen de Diego de Baños y Sotomayor, obispo de Santa Marta en 1677.

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Personajes Siglo XVII

Diego de Baños y Sotomayor nació en Lima, Perú, en el año 1637. Era hijo de Diego Sánchez de Baños y María de Sotomayor, ambos de Santisteban, España. Fue obispo de Santa Marta en 1677 y se le recuerda por haber reconstruido la iglesia mayor de la época, luego de las destrucciones ocasionadas por piratas.

Equipo de redacción EL INFORMADOR.

Ficha informativa:

Diego de Baños y Sotomayor.

Nacimiento: 1637, Perú.
Fallecimiento: 1706.
Ocupación: obispo.

Su llegada a Colombia se da luego que su padre fuera nombrado como Oidor de la Audiencia de Santa Fe de Bogotá. Estudió Artes y Teología en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Fue ordenado como sacerdote en Popayán, Cauca. En 1677 fue designado como obispo de Santa Marta. Sus consagrador principal fue el patriarca Antonio Manrique de Guzmán.

La Diócesis de Santa Marta documenta en su archivo histórico que Diego de Baños lideró la primera fase de la reconstrucción de la obra de la tercera Catedral. La construcción de la segunda, ya deteriorada por el tiempo y los saqueos, se dio en el episcopado del sexto obispo, el franciscano Sebastián de Ocando.Y la primera, se erigió en tiempos del tercer obispo, fray Martín Catalayud.

El arquitecto e historiador Álvaro Ospino Valiente registra en su artículo publicado en la Academia de Historia del Magdalena ‘Santa Marta: Ciudad Dos Veces Santa’, que “desde el siglo XVII, Santa Marta había contado con su iglesia Mayor construida por el obispo Sebastián de Ocando, la cual fue arruinada por Goodson en 1655 y terminada de destruir por los piratas Coz y Duncan en 1677. El obispo Diego de Baños la reconstruyó en 1678, sucumbiendo a un temblor en 1682 que le averió los arcos, nuevamente deteriorada se realizaron unas obras de mejora en 1711”.

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Coincide el relato con la descripción del médico e historiador Arturo Bermúdez en su libro ‘Materiales para la historia de Santa Marta’, quien afirma que “luego de los destrozos ocasionados por el pirata Goodson en 1655 y el asalto de Coz y Duncan en 1677, el obispo Baños, con el ingeniero José Lara, iniciaron las restauraciones de la Catedral de Ocando”.

Añade Ospino Valiente que “decidida la construcción de una nueva Catedral, el virrey Pedro Messía de la Cerda, comisiona al ingeniero militar Antonio de Narváez y La Torre, acompañado del delineador Juan Cayetano Chacón, para que elaboraran los planos y perfiles de la nueva Catedral, con un presupuesto de 54.093 pesos. Por fin, el 8 de diciembre de 1766 paradójicamente el día de la Inmaculada Concepción, se colocó la primera piedra. La construcción de la obra fue lenta por los pocos recursos decretados por el monarca, por muchos años permaneció en cimientos y con riesgo de perder lo invertido. Ya el presupuesto ascendía a 59.000 pesos”, agregó.

Ospino asevera que hacia 1681, la intervención de la Iglesia Mayor estaba casi concluida gracias al tesón del obispo Diego de Baños. “Habían reconstruido el crucero, fabricado un nuevo tabernáculo y capilla mayor. Pero faltaba un aspecto importante, hacían falta las imágenes religiosas. Por tal motivo, aunque de sentido provisional, el gobernador y capitán general, maestre de campo D. Pedro Jerónimo Royo de Arce, Rojas y Santoyo, ordenó pintar un retablo grande de la titular de la ciudad, cuyas dimensiones eran tres varas de alto por dos de ancho (2.40 metros x 1.60 metros), elaborado al óleo, hermosamente engalanado con un marco estofado de oro, el cual fue colocado en el altar mayor, justo debajo del vistoso frontis del Santísimo Cristo. De la misma manera colocaron la imagen de la Purísima Concepción de Nuestra Señora, el cuadro al óleo de santa Ana y san Nicolás de Bari”, detalló.

Diego de Baños tuvo una destacada carrera eclesiástica. En 1668 había sido nombrado capellán y predicador real. Después de su episcopado en Santa Marta fue designado como obispo de Caracas, Venezuela, en 1683, donde estuvo hasta su muerte. Allí organizó el Sínodo diocesano de 1687, tercero de los celebrados en Venezuela. Falleció el 15 de mayo de 1706.

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