Hoy 29 de julio de 2025, Santa Marta, celebra un hito monumental: 500 años desde su fundación en 1525.
La fundación - La visión de un conquistador
La historia de Santa Marta, como asentamiento español, comienza con Rodrigo de Bastidas, un conquistador que, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, buscó el comercio pacífico en lugar de la conquista violenta. En aquel día memorable de 1525, estableció el asentamiento a lo largo de una bahía espectacular, enmarcada por el mar Caribe y las imponentes montañas de la Sierra Nevada. Nombrada en honor a Santa Marta, la ciudad fue una puerta al interior y un puerto para las ambiciones coloniales. Pero esta no era una tierra vacía: los Tayrona, con su civilización sofisticada, habían prosperado aquí durante siglos, forjando oro, construyendo terrazas y viviendo en armonía con el paisaje agreste. La llegada de los españoles marcó el encuentro de dos mundos que forjarían la identidad de Santa Marta para siempre.
Un pasado turbulento - Piratas, puertos y liberación
Los primeros años de Santa Marta estuvieron lejos de ser tranquilos. Su ubicación estratégica la convirtió en blanco de piratas —franceses, británicos y holandeses— que saquearon la ciudad repetidamente durante los siglos XVI y XVII. Fortalezas como San Fernando se alzaron en respuesta, sus piedras desgastadas todavía susurran historias de defensa y resistencia. En el siglo XIX, la ciudad encontró un nuevo papel en la historia como el lugar de descanso final de Simón Bolívar, el libertador de cinco naciones. Su muerte en la Quinta de San Pedro Alejandrino en 1830 consolidó el lugar de Santa Marta en la narrativa de la independencia, incluso mientras lidiaba con su legado colonial.
El tapiz cultural - Raíces indígenas y ritmos modernos
El alma de Santa Marta reside en su diversidad. Los descendientes de los Tayrona —los Kogui, Wiwa, Arhuaco y Kankuamo— aún habitan la Sierra Nevada, preservando la sabiduría ancestral frente a la modernidad. Su presencia es un vínculo vivo con el pasado precolombino, un contraste con la arquitectura colonial del centro histórico, donde la Catedral Basílica, una de las más antiguas de América, se erige con orgullo. Hoy, la ciudad vibra con la energía caribeña: el olor embriagante de calderos de la cocina samaria, el ritmo de cumbias y vallenatos, el repique de tamboras y la calidez de los samarios, y ni qué decir del temperamento alegre, nostálgico y juguetón que nos distingue en todas partes del mundo. Esta mezcla de herencia indígena, influencia española y vitalidad afrocolombiana hace de Santa Marta un cruce cultural único.
El abrazo de la naturaleza - Del mar a la sierra
Ningún homenaje a Santa Marta estaría completo sin sus maravillas naturales. La ciudad está abrazada por el Caribe, con playas como El Rodadero y las del Parque Nacional Tayrona que atraen a visitantes de todo el mundo. A pocos pasos, la Sierra Nevada de Santa Marta se eleva dramáticamente como un vigía que todo lo ve, y cuyas canas de nieve perpetuas evocan sabiduría eterna. Este punto caliente de biodiversidad, declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1979, alberga ecosistemas que van desde selvas tropicales hasta glaciares, junto con sitios sagrados como Ciudad Perdida. La geografía de Santa Marta es su latido, un recordatorio del poder de la naturaleza y del rol de la ciudad como su guardiana.
Santa Marta - Celebrando 500 años
Al cumplir 500 años, Santa Marta se encuentra en un momento de celebración y reflexión. Este hito pone en relieve desafíos que confrontamos y aspiramos a resolver: el acceso al agua potable, el crecimiento urbano descontrolado y la necesidad de un desarrollo sostenible. Para visitantes y residentes por igual, la celebración ofrece una oportunidad de explorar una ciudad que es tanto una reliquia histórica como una comunidad viva y palpitante. Una ciudad acogedora y maternal que abre sus brazos a quienes estén dispuestos a quererla.
Un legado digno de honrar
Santa Marta a sus 500 años es más que la conmemoración de una fecha: es una celebración de la supervivencia, la adaptación y la belleza. Desde los primeros pasos de Bastidas hasta el orgullo del samario moderno, esta ciudad ha tejido una historia de esfuerzo humano con el telón de fondo de una naturaleza sin igual. Como la ciudad más antigua de Colombia, nos invita a mirar atrás con curiosidad y adelante con esperanza.
Brindemos por Santa Marta: ¡cinco siglos fuertes, y contando!
Columna de Opinión
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