Hace diez años tomé una decisión que para muchos fue una locura. Vivía en Nueva York estudiando en una ciudad que lo tiene todo, pero decidí dejarlo y venirme a vivir a Santa Marta. Antes había pasado la mayor parte de mi vida en Bogotá, así que el cambio era enorme. Recuerdo que más de uno me preguntó por qué cambiar el ritmo de los epicentros cosmopolitas por una ciudad más tranquila. Yo lo tenía claro: quería estar cerca del mar y de la gente cálida que había conocido en mis visitas. No me equivoqué. Hoy, mientras “La Perla del Caribe” celebra 500 años de historia, me alegra haber elegido este lugar como mi hogar.
La ciudad ha cambiado mucho desde que llegué. Santa Marta es la ciudad más antigua de Colombia y ha pasado por momentos difíciles y grandes transformaciones. En los últimos años se han hecho avances importantes en infraestructura, turismo y emprendimiento. Hay más inversión y se siente un movimiento empresarial que impulsa el crecimiento local. Claro, los retos no han desaparecido: la falta de agua potable en algunos barrios, la informalidad laboral y la necesidad de recuperar espacios urbanos siguen siendo problemas por resolver. Pero el balance es positivo y hay oportunidades para que la ciudad se consolide como un referente en la región Caribe.
Las celebraciones por el quincentenario lo han dejado claro: Santa Marta tiene alma. Más de 120 actividades han reunido a artistas, empresarios, líderes comunitarios y visitantes para mostrar lo que somos. Ha habido conciertos de artistas como Carlos Vives y Bomba Estéreo, ceremonias ancestrales y un fuerte mensaje de que la ciudad quiere crecer de manera sostenible. Universidades como la Universidad del Magdalena y la UNAD están formando jóvenes con otra visión, mientras los planes de sostenibilidad impulsan el cuidado del medioambiente y el patrimonio histórico. Poco a poco, la ciudad se organiza mejor para recibir el turismo que llega cada año, pero también para darle más calidad de vida a quienes la habitamos.
Las nuevas propuestas académicas, apoyados por incubadoras de empresas y organizaciones como ProSantaMarta Vital y Cajamag, abren caminos para que emprendedores generen soluciones en turismo, energías renovables, políticas portuarias, marketing y economías diversas. Los planes de sostenibilidad impulsan el cuidado del ambiente y del patrimonio histórico, buscando que cada proyecto de ciudad tenga indicadores de impacto social y cultural claros.
Una de las cosas que más me gusta de esta ciudad es su diversidad. Aquí conviven muchas culturas y formas de ver el mundo. Mis amigos de la comunidad arhuaca me han enseñado a valorar más la ancestralidad y el respeto por la tierra. Sus saberes se mezclan con las tradiciones de quienes venimos de otras partes del país, con los extranjeros que se quedan y con los jóvenes que están escribiendo nuevas historias. Me quedo con una frase que escuché a un mamo durante los actos de celebraciones: “Sin recordar el pasado es imposible construir un futuro”. Eso resume la esencia de esta ciudad: reconocer sus raíces para avanzar.
Hoy solo tengo palabras de gratitud para esta tierra que me abrió los brazos y me permitió vivir con libertad y pasión por lo que hago. Me enorgullece aportar, desde lo que sé, al desarrollo de la ciudad y ver cómo cada día avanza un poco más. Las prospectivas son alentadoras si seguimos apostando por alianzas público privadas sólidas, proyectos de infraestructura bien planificados y una cultura de buen gobierno que genere confianza. Santa Marta está llena de retos, sí, pero también de talento, historia y oportunidades. Por eso celebro con el corazón este medio milenio de vida. Feliz 500 años, mi Samaria, y que vengan muchos más.
Comunicador corporativo. Me encantan los viajes, la música electrónica, la cultura glocal, la tecnología inmersiva y los negocios inteligentes.