El joven oriundo de Ciénaga, Magdalena, encontró en el deporte la disciplina que hoy impulsa su formación en la Escuela Militar de Soldados Profesionales, luego de superar dificultades económicas y familiares en su camino como boxeador.
En Ciénaga, donde el calor y las dificultades forman carácter, Brayan David Londoño Camacho aprendió desde muy joven que “para ganar no basta con golpear fuerte, hay que saber aguantar”.
Su historia comenzó entre entrenamientos improvisados y una tradición familiar ligada al boxeo. En casa, los guantes hacían parte de la rutina diaria gracias a la influencia de su abuelo, sus tíos y su madre, quien también practicó este deporte.
“La banda sonora de mi infancia no fue la música de moda, sino los golpes al saco de arena”, recuerda el joven, quien desde pequeño entendió que el sacrificio sería parte esencial de su camino.
Un campeón construido con esfuerzo
A los 14 años ingresó al club “Buscando un Campeón”, donde comenzó a entrenar bajo la orientación del profesor Ángel Casián y rápidamente mostró condiciones sobre el ring.
Brayan caminaba largos trayectos bajo el intenso sol para asistir a los entrenamientos y hacía todo lo posible por representar al Magdalena en competencias departamentales.
En el cuadrilátero consiguió 12 victorias, varias de ellas por nocaut, además de coronarse campeón departamental. Sin embargo, el camino estuvo lejos de ser sencillo.
“Nos tocaba vender rifas para comprar vendas, protectores y pagar los pasajes para competir”, relató el joven deportista sobre las dificultades económicas que enfrentó junto a sus compañeros ante la falta de apoyo y patrocinio.
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Del boxeo a la vida militar
Aunque soñaba con llegar más lejos en el deporte, las complicaciones económicas y familiares lo obligaron a detener sus estudios de Ingeniería Industrial e Inglés.
Fue entonces cuando encontró una nueva motivación al conocer historias de deportistas que hacían parte del Ejército Nacional.
“Entendí que toda esa disciplina del boxeo podía servir para algo más grande”, expresó Brayan, quien decidió ingresar a la Escuela Militar de Soldados Profesionales.
Actualmente, a sus 19 años, continúa su formación militar convencido de que la constancia adquirida en el deporte es una herramienta fundamental para su nueva etapa de vida.
Una meta enfocada en su familia
El joven asegura que el apoyo de sus padres, su pareja y su fe en Dios han sido claves para mantenerse firme en cada desafío.
Aunque hoy cambió los guantes por el uniforme y el fusil, conserva intacta la mentalidad de lucha que lo acompañó durante su proceso deportivo.
“Ya no peleo solo por un título; ahora quiero construir un futuro digno para mi familia y servirle al país”, afirmó Brayan, quien sigue demostrando que la disciplina también puede abrir caminos fuera del ring.